¿Este momento no os resulta familiar?

Quería dejaros un nuevo post antes de marcharme de vacaciones. (¿Marcharme? Bueno, todavía me falta hacerme las maletas. Ufff, ¿qué me llevo? Espero no olvidarme nada… bueno, al fin y al cabo en todas partes encuentras de todo… claro que tendré que llevar algo de dinero suelto, ¡todavía no lo he cambiado! ¿A qué hora cierran el banco? Ya no llego, ya no llego. ¿La guía se la llevaba mi compi o me dará tiempo a pasar por la FNAC a comprar otra por si acaso?)

Disculpadme. Sigo.

La lista de tareas para tener en cuenta a la hora de preparar un viaje es infinita. Acumulamos semanas y meses de estrés, ruido, emails y Post-It ® anhelando que llegue el tan ansiado momento… y ya está aquí, sin verlo ni quererlo. Empieza la cuenta atrás para apurar las últimas horas preparando lo que nos acompañará en los próximos días: el equipaje. Algunos lo definen como: eso que sale perfecto (te cabe en la maleta), es escaso por definición (por más que lo prepares), vuelve sucio (en la maleta ya no cabe, ¡que alguien me lo explique!) y que tardará una semana en volver a su estado original, tras una yincana de lavadoras, secadoras y plancha.

Llegamos a nuestro destino: “Vaya, creo que el taxista nos ha timado”, “En la foto parecía mejor”, “¿Por qué supuestamente me hablan en francés y yo no los entiendo?”, “Vaya, yo creía que con VISA llegabas a todo el mundo y por lo visto es otra leyenda urbana”.

Volvemos a nuestro hogar, dulce hogar. Frente al espejo: “Uy, tendría que pedirme hora esta misma semana para cortarme las puntas”, “No tengo nada en la nevera, mañana ni desayunar puedo, con esta leche agria”, “Me parece recordar que dejé el coche en reserva”. Te acuestas pensando que mañana será otro día y efectivamente, antes de acordarte, suena un ruido espantoso que se te había olvidado: el despertador.

Llegas a la oficina, reunión en la máquina del café intercambiando experiencias vacacionales: siempre hay alguien a quien le ha dado tiempo de imprimir un fotolibro para traerlo en esa reunión. Tras tomar nota de dónde es recomendable y dónde no pasar las próximas vacaciones, vuelves a tu mesa, miras el calendario y te vienen las ganas de llorar… ¿Tanta preparación para esto? ¿Hace 30h estaba en Playidistán? ¡Que me lo juren!

Buenas vacaciones a todos ¡que no se os olvide cerrar la llave del gas!

Clara Lapiedra